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Tienen infinitas ventajas, pero aún les queda un último desafío que superar para que sean parte de la realidad logística de nuestro país. Los camiones totalmente eléctricos necesitan mejorar dos aspectos para poder posicionarse en el sector: la autonomía y la recarga de sus baterías.

Aún así, hay que tener en cuenta que el 80% de los camiones, incluso los camiones de mayor tamaño, viajan como máximo 750 kilómetros por jornada, mientras que un elevado número deben completar distancias mucho más cortas.  También ha cambiado la forma de moverse de los camiones en los últimos años. Cada vez son menos los que pasan días fuera de casa, sino que la mayor parte de ellos regresa a su base en cada jornada. Esto permite a los operadores que trabajen con camiones eléctricos poder completar cargas parciales durante la jornada, y una más completa durante las noches en su lugar de descanso. Por lo tanto, es cuestión de tiempo que los camiones pesados pasen a competir con los camiones diésel a medida que la tecnología de sus baterías mejore.

El peso de estas baterías podría ser otro inconveniente; ya que para que un vehículo tenga una autonomía de 250 kilómetros se tienen que incorporar baterías muy pesadas, de hasta 2.000 kg, que podrían lastrar el camión, reduciendo su carga útil. Sin embargo, la evolución de estos componentes no para, y cada vez son más ligeras y capaces.  Según un estudio de la Universidad Técnica de Eindhoven, dentro de cinco años, el mercado contará con camiones de 40 toneladas y 800 kilómetros de autonomía, que, además, tendrán un diseño más eficiente de su cuerpo, por ejemplo, alojando los motores eléctricos al lado de las ruedas, y permitirá incluso aumentar la capacidad de carga respecto a los camiones convencionales.

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