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La Inmaculada de los Venerables y la Dama de Elche, una historia de ida y vuelta

Qué tienen en común la Inmaculada de los Venerables y la Dama de Elche, dos obras clave del arte español. Aparentemente se trata de dos obras muy alejadas. La primera es un óleo Barroco, de pincelada vibrante y colores vivos. Mientras que la segunda es una pieza del ámbito Íbero, de gran frontalidad y sentido ritual. Sin embargo, ambas están unidas por una complicada historia, más ajetreada de lo habitual para un bien cultural.

La Inmaculada de los Venerables, como decimos, fue realizada por el afamado pintor barroco Bartolomé Esteban Murillo, hacia 1675, y concebida dentro de un aura etérea, de colores pasteles, pincelada rápida y matérica. En su localización original, dentro de la iglesia del hospital dedicado a los sacerdotes retirados, se convirtió en un icono universal del nuevo culto a la Tota Pulchra que se venía propiciando desde la monarquía hispánica. Allí fue inspiración para multitud de obras que vinieron tras ella. Sin embargo, durante la Guerra de la Indepedencia fue incautada por el mariscal francés Jean de Dieu Sout, junto con muchos tesoros hispanos, quien la atesoró en su castillo. En 1852 fue adquirida por el Museo del Louvre.

La otra dama de esta trama, la de Elche, fue realizada en el siglo V aC dentro del contexto del mundo Ibérico. Esta pieza fue labrada en piedra y policromada por un autor anónimo del ámbito levantino. Su rostro canónico, hierático y simétrico, así como el tocado y las numerosas piezas de joyería dan a entender que se trata de la representación de una sacerdotisa. Y una cavidad en su cara posterior nos da la pista de su función como urna funeraria. Este busto fue descubierto de manera casual durante la realización de unos trabajos agrícolas en el campo en 1897 y, poco después, pasó también a manos del museo galo por mediación del arqueólogo Pierre París

Ambas obras permanecieron en las salas del Louvre para disfrute de visitantes y artistas, teniendo gran repercusión para la inspiración del arte de vanguardia; hasta que el Régimen de Vichí llegó a un acuerdo con el Gobierno de España para su devolución, junto con el Tesoro de Guarrazar. A partir de entonces ambas piezas quedaron depositadas en el Museo Nacional del Prado y en el Museo Arqueológico Nacional, respectivamente, y solo han regresado temporalmente a su lugar de origen de las manos de SIT.

La Inmaculada de Murillo volvió al Hospital de los Venerables de Sevilla en 2012 con motivo de la exposición “Murillo y Justino de Neve. El arte de la amistad”. Allí se reencontró con su marco original decorado con las ‘letanías lauretanas’, y con el retablo que había estado esperándole desde hacía 200 años. No fue un trabajo sencillo pero, gracias a un reflexivo estudio previo, las piezas del puzle encajaron a la perfección y pudo contemplarse la obra tal y como fue diseñada en su origen.

El transporte de la Dama de Elche también fue complejo, principalmente por el estado de conservación de la obra. La pieza se transportó hasta la ciudad alicantina dentro de una cápsula-caja hasta el Palacio de Altamira. Los trabajos estuvieron supervisados por la propia Ministra de Cultura y el transporte fue realizado por un equipo de SIT por carretera, a baja velocidad y con fuertes medidas de seguridad.

Ambas piezas, principales en el arte español, hoy descansan en museos nacionales, donde se custodian bajo las necesarias medias de conservación y se exhiben para disfrute y deleite de todo los visitantes y curiosos.

 

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